Los alimentos pueden tener características singulares en función del lugar donde se produzcan o de los métodos y materias primas empleados para hacerlo. La calidad de la tierra, la dieta de los animales o las maneras tradicionales de trabajar aportan rasgos peculiares, y hacen únicos a productos como una Ternera Gallega, un Lechazo de Castilla y León unas Cerezas de la Montaña de Alicante o un Alfajor de Medina Sidonia. De poner en valor esos rasgos distintivos, esos sabores y esas maneras de trabajar únicas se encarga la Unión Europea a través de las Indicaciones Geográficas Protegidas. Un sello que aporta garantías y permite a los consumidores distinguir productos de calidad diferenciada. Y que, además, supone un importante apoyo para la promoción y el desarrollo socioeconómico de las distintas áreas geográficas de nuestro medio rural.
Tal y como explica Julián García, ingeniero técnico agrícola y apicultor profesional, los productos con indicación geográfica protegida poseen alguna cualidad determinada que se puede atribuir a un origen geográfico y cuya producción, transformación o elaboración se realiza en la zona geográfica delimitada de la que toma su nombre. En su caso, producir miel con la IGP Miel de Galicia ha supuesto para él poder competir en el mercado con mieles procedentes de China o de Estados Unidos.
“Sobre un 20% de las mieles con procedencia asiática están adulteradas, con mezclas de soluciones de glucosa, ultrafiltradas y con agua; hay informes que dicen que el 75% de la miel que se vende en España está adulterada, es una cifra altísima de engaño a los consumidores” relata. Es por ello que el aval de los sellos IGP supone unha garantía tan importante, también desde el punto de vista de las y los consumidores.
«La Unión Europea está haciendo una gran labor para diferenciar las mieles autóctonas de las foráneas. El etiquetado es fundamental para informar al consumidor sobre el producto que va a comprar. Hay que fijarse en el origen y en los ingredientes; si entre ellos aparece glucosa o jarabe de fructosa, eso sería indicativo de que la miel que tenemos delante no es pura” informa.
Además de la calidad diferenciada que garantiza el aval de las IGPs, no menos importante es el apoyo que este sello supone para la economía y la creación de empelo en el rural y el fomento de la sostenibilidad. Jesús Bermúdez, ingeniero técnico agrícola y productor de IGP Castaña de Galicia, valora el respaldo que este distintivo, aprobado en el año 2009, ha supuesto para la producción de castaña gallega. «Actualmente contamos con 1.224 hectáreas de superficie inscrita, que generan un valor económico estimado de cerca de 800.000 euros. La castaña siempre ha tenido una importancia ancestral en Galicia. Era un alimento muy importante y versátil en el sustento familiar, pero posteriormente llegaron los cultivos americanos como la patata o el maíz y fueron dejando de lado a la castaña” comenta.
Sin embargo en los últimos años, y sin duda gracias al apoyo que la UE brinda a través de la IGP, el cultivo de castañas ha ido recuperando fuerza y se ha convertido en un importante eje de la actividad económica en el medio rural.
“La IGP Castaña de Galicia es una carta de presentación muy buena que nos abre los mercados internacionales, pues los controles que debemos pasar poder tener el sello, nos avalan” aclara. Además tal y como recalca este productor de castalas, las normas y controles que hay que pasar para que un producto se certifique como IGP garantizan a los consumidores la certeza de que los alimentos adquiridos, sea cual sea su origen, satisfacen los rigurosos controles de la Unión Europea y pueden ser consumidos sin temor.
“Las leyes son las mismas para toda Europa, pero al mismo tiempo hay opción a la diversidad. Son normas lo suficientemente estrictas y flexibles al mismo tiempo para favorecer también la innovación o las especialidades tradicionales”.
La ganadera e ingeniera forestal María Páez atiende nuestro desayuno virtual desde los establos de su granja en Viana do Bolo. En su zona conviven varias Indicaciones Geográficas Protegidas: Miel de Galicia, Castaña de Galicia, Androlla de Galicia, Patata de Galicia y, por supuesto, la Ternera Gallega, que es de la que ella se ocupa.
El sello de calidad de Ternera Gallega “fue reconocido en el año 1996 por la Unión Europea, siendo la primera carne de vacuno con certificado de garantía y control integral. Además, garantiza que los animales han sido alimentados de la manera que se ha hecho siempre en esas zonas, sin el uso de productos que alteren el crecimiento normal del animal.
Tal y como explica esta ganadera, el respalado del distintivo IGP y el apoyo económico de la PAC son fundamentales para que agricultores y ganaderos puedan salir adelante, y de no ser por ellos «ya lo habría dejado». Pero la PAC no solo beneficia a los ganaderos y agricultores, sino también al consumidor final, pues permite que la ciudadanía pueda consumir productos frescos, seguros y de la máxima calidad a precios razonables. «Yo soy ganadera y antes lo fue mi madre. Ella pagaba 50 pesetas por el gasóleo agrícola, y yo pago 1 euro. Ella pagaba 18.000 pesetas de autónomos, y yo pago 300€. En cambio el kilo de filetes antes costaba 1.500 pesetas, y ahora cuesta 10 euros, que es casi lo mismo.” relata esta productora orensana.
Canal Voz